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Shock doctrine en Ucrania

La Vanguardia | 04/09/2022

Shock doctrine en Ucrania

, Barcelona

En una apasionada defensa de la democracia ucraniana y su lucha contra el agresor autócrata Vladimir Putin , la reciente Conferencia sobre la Recuperación en Ucrania (URC) celebrada los días 4 y 5 de  julio en Lugano (Suiza) bajo los auspicios de la UE,  recomendó una batería de medidas de desregulación y privatización sacadas del manual del viejo consenso de Washington.

Es imprescindible “reducir el tamaño del estado mediante privatizaciones, mejorar la eficiencia regulatoria (desregulación)  y abrir mercados (liberalización de los mercados de capitales; libertad de inversión)”, sostiene el documento final.

Así mismo, hay que “fortalecer la economía de mercado” mediante “(…) la reforma de la tierra”, añade aplaudiendo el nuevo plan de eliminar restricciones sobre  la venta de suelo agrícola en el llamado “granero” de Europa a corporaciones extranjeras . Estas medidas son esenciales  dijo  la presidenta de la UE, Úrsula von der Leyen, en su discurso ante la conferencia, para lograr “el sueño de una nueva Ucrania, libre, democrática y europea”

Unas semanas después, el Fondo Monetario Internacional de sede en  Washington, acordó con el gobierno ucraniano de Volodimir Zelensky la suspensión de los pagos de servicio sobre deuda por 20.000 millones de dólares, un generoso gesto de solidaridad con el pueblo en guerra. Además, para impulsar la economía hacia la recuperación y una senda de crecimiento del PIB sostenible, el FMI anunció que condicionaría el rescate a un programa de privatizaciones de empresas estatales  y a la plena  implementación del  plan de desregulación de la tierra para facilitar la entrada sin restricciones del agribusiness global. Solo con la entrada del capital internacional se podria lograr un aumento de la productividad de las mega cosechas de trigo , cebada y otros cereales, insisten la UE y el FMI.

Pocos lo han comentado -¿quien quiere ser acusado de ser amigo de Vladimir Putin?- pero resulta muy problemático este  compromiso de la UE y el FMI por  ayudar a Ucrania a adoptar las necesarias reformas de liberalización y privatización y asi terminar el trabajo iniciado  tras al caida de la URSS en 1991.  

El problema consiste en lo siguiente: según encuestas  realizadas en el 2018 solo el 12%  de los ucranianos apoya una mayor  privatización de su economía.  Es más , la mayoría se opone al plan de desregulación del suelo agrario  y rechaza la entrada de los agro traders de sede en Chicago o los agro fondos de sede en Wall Street.

“Todo esto va en contra la voluntad de la gente”,  dice Frederic Mousseau , director del Oakland Institute en California  que ha elaborado una serie de informes sobre los planes de rentabilizar la desregulación en el sector agrícola ucraniano.  “Y no hay motivos para pensar que la guerra haya cambiado el rechazo de la gente a la desregulación de la tierra o la privatización”

Dotada  de las llamadas  cernozëm (tierras negras), las mas fértiles del mundo, que producen unos 60 millones de toneladas de cereales con trigo y cebada, Ucrania siempre ha sido una propuesta muy atractiva para las grandes multinacionales de commodities como Cargill, Bunge o ADM  así como los mega fondos de inversión como Blackrock, o Vanguard.

Cuenta con una tercera parte de la tierra  agrícola de Europa , es el segundo exportador de cereales del mundo, y produce una tercera parte del aceite de girasol a escala mundial. En tiempos de creciente temor por la seguridad alimentaria mundial y precios disparados de alimentos básicos, Ucrania puede ser una mina de oro para el capital global

Pero los  obstáculos, a la entrada de inversores multinacionales -concretamente, la moratoria sobre  la compra y venta de suelo agrícola – han frustrado hasta a gigantes como Cargill o Blackrock..  La moratoria fue legislada legislado en el 2001 con el fin de frenar la concentración del suelo en manos de los grandes oligarcas ucranianos beneficiarios de la corrupta desregulación del suelo parte de la terapia de shock diseñado por aquellos bien intencionados economistas de Harvard que llegaron a Moscu tras el desmoronamiento de la URSS.

Pero la moratoria incluía también una prohibición total de la compra de suelo agrario por extranjeros , lo que ha complicado sobremanera  el avance de las grandes bróker de commodities  y fondos a  traves de la inmensa llanura de cereales ucraniana.

Nadie puede pararles los pies  del todo a los grandes traders de commodities agrícolas – ADM, Bunge, Cargill, y Louis Dreyfus-. Pero estas tuvieron que entrar por la puerta trasera mediante participación en el capital de empresas ucranianas. Cargill , por ejemplo se hizo con el 5% del conglomerado ucraniano UkrLandFarming. Otra opción para sortear la moratoria  era alquilar suelo  mediante contratos de arrendamiento  de larga duración.

Con esas medidas, las corporaciones globales del “agribusiness” lograron controlar  entre tres y seis millones de hectáreas . Pero la mayor parte de las 32 millones hectáreas dedicadas a la producción de cereales permanecían fuera del alcance del capital global y se dividieron entre corruptos oligarcas ucranianos y los siete millones de pequeños agricultores en un país donde uno de cada tres personas aun vive en el campo.

La moratoria levantó ampollas en los centros de poder occidentales desde el Departamento de Estado, el Banco Mundial, y el FMI   en Washington hasta la Unión Europea y los agro lobbies en Bruselas.

Sin la presencia del capital global , la productividad del sector agrario ucraniana ha sido muy baja, una cuarta parte de la alemana y una quinta de la francesa.  Pero los ucranianos se sentían mas cómodos con las restricciones ya que la liberalización anterior había beneficiado a una corrupta oligarquía. Asi mismo la gente defendía a las grandes empresas estatales frente a las presiones privatizadoras del FMI y la UE.

Hacia falta  un cambio de régimen – la llamada  Revolución Maiden y la caída del gobierno oligárquico de Víctor Yanukovich en  el 2014-  para  despejar el camino a los titanes de las commodities  y los fondos de inversión occidentales. Así mismo, la invasión rusa este año ha resultado una instancia perfecta de la doctrina de shock, la tesis de Naomi Klein de que los desastres, catástrofes  y las guerras crean excelentes oportunidades  de negocio para inversores globales sin complejos

 Bajo fuertes presiónes desde Washington y Bruselas, el parlamento en Kiev con el respaldo del gobierno de Zelensky aprobó en el 2020, el levantamiento parcial del moratorio. La nueva ley permite la compra por particulares o empresas de hasta 10.000 hectáreas a partir de enero del 2024. El FMI aplaudió la nueva ley. Tal y como destaca Michael Roberts en su blog, el Banco Mundial , que condicionó sus propios créditos a medidas que “facilitan la venta de suelo agrícola y el uso de la tierra como colateral” para  “acelerar la inversión privada en la agricultura” califico la desregulación como un “evento histórico”. El FMI calcula que elevará en mas de un punto presentar el crecimiento potencial del PIB

Las expectativas para los inversores globales en cereales ucranianos parecían inmejorables. Ni la guerra complicaría las rentabilidades previstas. A fin de cuentas, las exportaciones de granos ucranianos  en 2021-22 han superado los del año pasado  y el reciente acuerdo con Rusia de desbloquear los puertos del Mar Negro garantizan ventas lucrativas  en momentos de precios desorbitados. Los márgenes de beneficios de las ABCD han subido de forma sensible durante la crisis

Pero hay un problema. La plena implementación de  la reforma  depende del resultado de un referéndum que se celebrará  en el 2024 para  decidir si dar luz verde a las empresas extranjeras . Es bastante probable que la mayoría de ucranianos voten en contra. La ley de desregulación no tendrá mucho apoyo en la sociedad ucraniana, : “No da ningún apoyo  a los siete millones de pequeños agricultores como ocurre en España o Francia ; solo acelera la concentración en manos de oligarcas y grandes empresas,” dijo Mousseau en una entrevista.

De ahi la ironía. Las instituciones financieras y los grandes agro lobbies occidentales, defensores, al igual que sus gobiernos, de la guerra por la democracia contra Vladimir Putin, no ven nada claro el plan de consultar a los ucranianos. “Convocar un referéndum sería un desastre para la economía”, afirma Bate Toms, presidente del Consejo de Asociaciones  empresariales y Cámaras de comercio en Ucrania. Hay que evitar celebrar el plebiscito porque “habría una mayoría aplastante en contra”, añadió en un artículo patrocinado por el poderoso think tank en Washington, y defensor de la democracia bajo liderazgo estadounidense ,el  Atlantic Council.

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