Honduras: narcotráfico y ganadería disparan deforestación en la Reserva de Biosfera de Río Plátano

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5-4-2021, Mongabay

por Karen Paredes, Leonardo Guevara, Lesly Frazier

Unas 2700 hectáreas de bosque pierde anualmente este patrimonio de la UNESCO, según datos del Instituto de Conservación Forestal (ICF) de Honduras. En febrero, la plataforma Global Forest Watch detectó un gran aumento en las alertas de deforestación en la zona.

El 50 % del territorio de la Biosfera está titulado a favor de los pueblos ancestrales Misquito, Garífuna y Pech, sin embargo, hay alarmantes denuncias de ocupación ilegal por parte de empresarios ganaderos, madereros y hasta narcotraficantes.

En la zona caribeña de Honduras se encuentra la Reserva de Biosfera de Río Plátano, una región de 832 340 hectáreas con abundantes bosques verdes, ríos, lagunas y gran variedad de fauna silvestre. Por su riqueza natural, en 1981 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la declaró Patrimonio de la Humanidad, e incluso participó para ser considerada como una de las Siete Maravillas naturales del planeta.

La Biosfera del Río Plátano se divide en tres zonas: Amortiguamiento y Núcleo, que abarcan buena parte de los departamentos de Colón y Olancho, y la zona Cultural ubicada en Gracias a Dios, el segundo departamento más extenso en Honduras y que cuenta con seis municipios: Puerto Lempira, Brus Laguna, Ahuas, Juan Francisco Bulnes, Wampusirpi y Villeda Morales, con una población que supera los 100 mil habitantes. A esta Reserva solo se puede llegar por vía aérea, marítima o fluvial.

Pero toda la belleza natural se contradice con tres fenómenos que se han incrementado en las últimas dos décadas: la situación de pobreza extrema de sus habitantes, la fuerte presencia del narcotráfico y la deforestación masiva a manos de supuestos empresarios madereros y ganaderos. La captura en 2016 y la posterior extradición a Estados Unidos del capo del narcotráfico Wilter Neptalí Blanco en 2017 son solo una muestra del control territorial que existe por parte del crimen organizado en la Biosfera Río Plátano.

Recientemente la plataforma Global Forest Watch (GFW) prendió las alarmas debido al aumento en las alertas de deforestación detectadas por los satélites con los cuales trabaja. Entre las semanas del 25 de enero y el 22 de febrero se registraron 314 231 alertas de deforestación en la zona, algo que GFW cataloga como inusualmente alto al compararlo con el mismo periodo de años anteriores. Además, la plataforma llamó la atención sobre tres áreas específicas en la Reserva de Río Plátano que concentraron gran parte de las detecciones. ¿Qué está pasando?
Entre las semanas del 25 de enero y el 22 de febrero se registraron 314 231 alertas de deforestación en la Reserva de Biosfera de Río Plátano, algo que Global Forest Watch (GFW) cataloga como inusualmente alto. Mapa de GFW.

Entre las semanas del 25 de enero y el 22 de febrero se registraron 314 231 alertas de deforestación en la Reserva de Biosfera de Río Plátano, algo que Global Forest Watch (GFW) cataloga como inusualmente alto. Mapa de GFW.

La Reserva de Río Plátano necesita atención urgente

De acuerdo con José Manuel Alemán, jefe regional del Instituto de Conservación Forestal (ICF) en Río Plátano, cada año la Biosfera pierde un promedio de 2700 hectáreas de bosque producto de incendios para la siembra de cultivos y de la deforestación que algunos empresarios terratenientes realizan para la cría de ganado de engorde.

Alemán asegura que el 50 % de la Biosfera está titulada a nombre de los pueblos indígenas Misquitos y Pech, quienes a su vez están siendo despojados de sus territorios a través de compras irregulares de tierras para la explotación de los recursos naturales. “El acaparamiento de tierra y la ocupación ilegal es algo que no podemos ocultar, y esto viene a obstaculizar los procesos ambientales que realizan las comunidades a través de los planes de manejo forestal”, sostiene. Alemán también reconoce que existen grupos armados que operan en el territorio.

Según indica Alemán, un informe realizado por el ICF revela que en los últimos cinco años (2016-2020), la Biósfera perdió 39 000 hectáreas de bosque. Es decir, cada día se destruyeron 22 hectáreas cubiertas de árboles, siendo los municipios de Dulce Nombre de Culmí, en Olancho; Iriona, en Colón, y Brus Laguna, en Gracias a Dios, los que presentaron mayor deforestación debido, principalmente, a la presión ganadera de familias que tienen el control territorial y la venta ilegal de madera como la caoba (Swietenia macrophylla).

La reciente alerta de deforestación de Global Forest Watch (GFW) mostró tres áreas preocupantes en la Reserva de Biosfera de Río Plátano, que se encuentran entre los municipios de Iriona, Brus Laguna y Juan Francisco Bulnes, tres zonas que en 2020 perdieron áreas considerables de bosque.

Datos de la plataforma indican que para 2010 Brus Laguna contaba con 379 000 hectáreas de cobertura boscosa que se extendían sobre el 85 % de su territorio y en 2020 perdió 6460 hectáreas, equivalentes a 2.54 millones de toneladas de emisiones de CO₂.

Así mismo, según GFW, el municipio de Juan Francisco Bulnes contaba en 2010 con 62 200 hectáreas de bosque que se extendían sobre el 92 % de su territorio y en 2020 perdió 2620 hectáreas, equivalentes a 1,04 millones de toneladas de emisiones de CO₂. Mientras que Iriona en 2010 contaba con 347 000 hectáreas de cobertura boscosa que se extendían sobre el 89 % de su superficie y en 2020 perdió 5740 hectáreas, equivalentes a 2,27 millones de toneladas de emisiones de CO₂.

El jefe regional del ICF dice que junto a las comunidades indígenas han presentado múltiples denuncias en la Fiscalía del Ambiente por los delitos ambientales que cometen empresas y particulares, pero hasta el momento “ni siquiera una ha terminado en judicialización”. Por su parte, el portavoz de la Fiscalía, Yuri Mora, manifestó a Mongabay Latam que no tenía autorización para referirse al tema.

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Menos árboles y más dinero para los ilegales

Osman Alvarado es el presidente de la Mesa del Ambiente y Producción de Sico Paulaya en Iriona, Colón, un espacio que integra a varias organizaciones comunitarias desde hace más de 10 años. A través de financiamiento internacional incentivan el cultivo de cacao, plátano y caoba en la Biosfera de Río Plátano, con el objetivo de reforestar la zona y garantizar un ingreso económico para la población. Sin embargo, reconoce que la región está controlada por los sistemas de ganadería.

Alvarado dice estar consciente de que la ganadería produce buena parte de los alimentos que la gente consume en su municipio, porque además de obtener leche, queso y derivados, es fuente de empleo para muchos jóvenes. De hecho, Iriona se ubica dentro de los municipios que más leche produce en el país, según la Asociación de Ganaderos de Honduras.

Pero el ambientalista señala que el uso exclusivo de la tierra para la ganadería les está pasando una alta factura ambiental. “Cuando usted viene a Iriona se cansa de ver enormes propiedades cercadas y deforestadas porque los dueños cortan los árboles para sembrar pasto. Entre menos árboles, más ganado, o sea más dinero”. Además, asegura que en los últimos años ha incrementado el nivel de la temperatura y que en pleno verano el cielo se cubre con nubarrones grises que no son presagio de lluvia sino humo de los incendios que se producen en las montañas.

Alvarado denuncia que las autoridades no están respetando las leyes porque permiten la ganadería en la Biosfera. Aunque las organizaciones comunitarias no conocen el dato oficial sobre el número de hectáreas destinada para pastizales, porque aseguran que les ocultan la información, saben que la realidad es alarmante pues a diario ven camiones que salen de la zona cargando toneladas de árboles maderables.

Mongabay Latam buscó la versión del alcalde de Iriona, Colón Wilmer Guzmán y de la responsable de la Fiscalía del Ambiente en la zona, pero no dieron entrevistas al respecto.

Se requiere un buen manejo del bosque

La Asociación Moskitia Asla Takanka (MASTA) reúne a varias comunidades del departamento de Gracias a Dios y Orlando Calderón, dirigente indígena e integrante de la organización, afirma que los indígenas ancestralmente han aprovechado el bosque para su supervivencia en armonía, protegiéndolo porque reconocen que es fuente de vida para su gente. Sin embargo, dice que con la intromisión de las instituciones del Estado se ha abierto la puerta para que empresas y terratenientes lleguen a sus territorios a saquear sus recursos, “condenándonos a la pobreza extrema”.

“Desde los años ochenta el gobierno intervino nuestros territorios a través del Instituto de Conservación Nacional para la administración del bosque, irrespetando nuestra cultura, provocando que extranjeros vengan a la Biosfera de Río Plátano para enriquecerse más”, le dice a Mongabay Latam. En ese sentido, Calderón asegura que es injusta la acusación que algunas autoridades hacen cuando atribuyen la destrucción de la reserva a las actividades que realizan los indígenas.

“Parte de la destrucción también la provocan los narcotraficantes que deforestan para construir sus pistas clandestinas, fincas y ‘narcolaboratorios’. También las compañías extranjeras que vienen a realizar experimentos científicos en los ríos, mar y lagunas”, señala un líder indígena de la zona, cuyo nombre mantendremos en reserva por seguridad. De acuerdo con Insight Crime, solo en 2020 el Ejército de Honduras destruyó entre 18 y 23 pistas clandestinas en el municipio de Brus Laguna; una zona históricamente azotada por las actividades del narcotráfico.

Parte de esa investigación destaca que muchos de los decomisos de narcóticos se dieron en la región selvática La Mosquitia, un corredor crucial para el traspaso de droga y que en una ocasión se interceptó un barco pesquero con 900 kilos de cocaína y un pequeño avión cargado con 806 kilos en el departamento de Gracias a Dios, donde se encuentra parte de la Reserva de Río Plátano.

El dirigente indígena lamenta que, a pesar que la Reserva es una zona ambiental importante para Honduras, e incluso para Nicaragua, los gobiernos lejos de crear políticas que contribuyan a su conservación, otorgan planes de manejo forestal y concesiones a empresas y particulares que ven la reserva como un negocio, pasando por encima de la vida de las comunidades indígenas.

Para Calderón, la destrucción de la Biosfera del Río Plátano comenzó cuando la declararon área protegida y patrimonio de la humanidad, “porque se la arrebataron a los indígenas para entregársela a personas que lo único que ven en el bosque es dinero”. Desde MASTA le han propuesto al Estado que entregue el manejo de la reserva a las comunidades. Aseguran que tienen la capacidad de conservarla y reforestarla en su totalidad en un periodo de 20 años pero, según dice, la única respuesta que han obtenido del Estado es la criminalización, persecución y el olvido que ha llevado al asesinato de algunos líderes.

Imagen: Vista aérea del Río Plátano en el departamento de Gracias a Dios, Honduras. Foto: Radio Progreso – Honduras.
Original source: Mongabay
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