Regla número uno: Investiga a quién das el dinero de los contribuyentes

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19-11-2014, La Vanguardia

La inversión de 40 millones de Exteriores en un fondo domiciliado en un paraíso fiscal abre el debate sobre el control de las subvenciones en Cooperación

¿Se debe canalizar la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) a través de empresas privadas? ¿Es suficiente el control que realiza la administración sobre sus inversiones para mejorar las condiciones de vida en los países pobres? Estas son algunas de las preguntas que surgen tras la noticia de que la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (Aecid), dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, aprobó en 2010, durante el anterior gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, una inyección de 40 millones de euros para Fondo Africano para la Agricultura (AAF, en sus siglas en inglés), una sociedad limitada registrada en un paraíso fiscal, la República de Mauricio, con el objetivo de dotarse de 240 millones de euros y con un periodo de vida de diez años. Las alertas saltaron hace unos días cuando Grain y la Thomson Reuters Foundation alertaron de que el AAF se había hecho con más de la mitad del capital de Feronia, una compañía canadiense en crisis también radicada en un paraíso fiscal, las islas Caimán, que pagaba salarios de alrededor de un euro al día a sus trabajadores de una plantación de aceite de palma de la República Democrática del Congo (RDC). Al menos una parte del dinero en teoría destinado a desarrollo contribuye a la explotación laboral.

Y la respuesta a ambas cuestiones es no, según coinciden expertos del sector.

“Los entes privados con ánimo de lucro no pueden ser receptores de AOD. En este caso concreto se han juntado dos cuestiones, que se ha invertido en una empresa y que además esta realiza malas prácticas”, opina Aida Guillén, directora del Institut de Drets Humans de Catalunya y vicepresidenta de Lafede.cat-Organitzacions per a la Justícia Global. Guillén, quien subraya que los fondos públicos debe ser sometidos tanto a supervisión económica como técnica.

Un documento remitido por la Aecid informa que el objetivo de la inversión española en el AAF es “fomentar los sistemas de producción sostenibles y el apoyo a pequeños productores desde un enfoque territorial, que incorpore a la población vulnerable y todos los actores en la puesta en valor del potencial de las zonas rurales africanas”. Pero con la operación de Feronia poco se ayuda a los campesinos africanos, al contrario: “Se apuesta por la agricultura industrial que cierra los ojos a los impactos ambientales y sociales que provoca el acaparamiento de tierras”, destaca Henk Hobbelink, fundador de la oenegé Grain. Feronia y otras firmas relacionadas con el AAF practican el acaparamiento de tierras consistente en comprar o arrendar grandes extensiones de terrenos para producir biocombustible o alimentos y también para especular. La llegada de estos grandes grupos de inversión a África, y también a Asia o Latinoamérica, supone la expulsión de miles de personas de las fincas que les han dado de comer durante años.

Chema Vera, director de Oxfam Intermón, considera que España aprobó desembolsar estos 40 millones de euros “en un momento en que la Aecid había visto como se multiplicaba su presupuesto, en los felices años de la burbuja. “La Aecid disponía de dinero pero no tenía capacidad para ejecutar directamente ese volumen de recursos por los destinó a la cooperación multilateral”. “No basta con firmar un cheque hay que tener capacidad de gestión. Además de control financiero debería hacer un seguimiento de los programas con los que colabora”, añade Vera quien se pregunta si el AAF era la mejor opción o simplemente la salida más cómoda a un abultado presupuesto.

Precisamente, Concord, la red de Oenegés de Desarrollo europeas, lanza mañana un informe en el que alerta que las instituciones de desarrollo europeas “tienen un serio problema de transparencia, especialmente cuando los recursos son gestionados a través de intermediarios financieros”, apunta Maite Serrano, directora de la Coordinadora de Oenegés para el Desarrollo de España. Serrano remarca que “hay que revisar los mecanismos que permiten que situaciones como estas se produzcan, este no es una caso aislado”.

Original source: La Vanguardia
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