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Argentina: Nuevas fichas en el tablero del mercado de granos

1-6-2014, La Capital

El comercio agrícola mundial de granos y derivados está, al menos desde el fin de la Segunda Guerra, concentrado en un puñado de empresas. Hoy se conocen como Big Four, o ABCD: Archer-Daniels (ADM), Bunge, Cargill y Dreyfus. Registran un origen familiar en Estados Unidos o Europa, rondan o superan el centenario y comparten el hermetismo, pese al colosal negocio que tienen en manos. De acuerdo con una estimación de la organización británica Oxfam de mediados de 2012, las Big Four controlaban el 90% de un mercado de unos u$s 300.000 millones anuales (seis veces el PBI de Uruguay).

   En lo que va del año, la compañía china Cofco, que es la mayor importadora de alimentos de su país, compró el 51% de la trader de granos Nidera y el 51% de la división agrícola de otra trader, Noble Group. Estas adquisiciones colocarían a Cofco como la menor de las Big Four, o en el cuarto lugar de unas Big Five, por encima de Dreyfus. Por primera vez en la historia, una empresa oriental ingresa a ese selecto podio. Al menos dos firmas japonesas están también haciendo movidas para crecer en el comercio de granos: la japonesa Marubeni compró en 2012 al trader de granos estadounidense Gavilon por u$s 3.600 millones; su compatriota Mitsui, segunda comercializadora de Japón, anunció en febrero pasado que planea incrementar un 25% el volumen de sus operaciones de granos para 2017, hasta 20 millones de toneladas.

   ¿Llegó la era de hielo para esos grandes dinosaurios que, en tiempos de la Guerra Fría, el periodista del Washington Post Dan Morgan describió en el clásico Los traficantes de granos? Difícil saberlo, aunque el mundo en que se hicieron grandes y fuertes mutó: hoy aquella tensión EEUU-URSS desapareció, Europa pasó de exportador a importador de alimentos, las comunicaciones erradicaron lo ventajoso de muchas informaciones reservadas, el eje del poder se desplaza del Norte al Este del globo y las crisis ya no son de sobreproducción sino de escasez de alimentos, mientras los chinos, la mayor población del mundo, engrosan las ciudades y la clase media, es decir, compran más y mejores alimentos.

   Sobre estos fenómenos globales y su impacto en la Argentina dialogaron con La Capital los expertos Sebastián Senesi, director de esta maestría en Agronegocios de la UBA, e Iván Ordóñez, economista y consultor del sector.

Granos, escasos y caros. Para los especialistas, están ocurriendo dos fenómenos que se entroncan: escasean los granos y escasea el financiamiento. En esta línea, destacan otros cambios significativos que se vienen dando en el comercio internacional de granos.

   Recuerdan que, en 2003, Bunge se convirtió en la segunda de las Big Four en cotizar en Bolsa (antes sólo lo hacía ADM), y hoy parece estar a punto de imitarla la suiza nacida francesa Dreyfus (misión encargada a un argentino, Ciro Echesortu, a mediados del año pasado). Y que la suiza Glencore, una de las traders más nuevas (más enfocadas a otros commodities, aunque en la Argentina pisa fuerte en el agro), salió a Bolsa en 2011.

   El asunto, explican, puede sintetizarse en que los chinos precisan granos, los granos escasean en el mundo, por lo que su precio ha aumentado y se ha puesto más volátil, y esto elevó el riesgo. “El valor promedio de la soja en los 90 era la mitad del promedio de lo que vale ahora”, indica Senesi. “Hoy el precio de la soja argentina no tiene más descuentos, es el de Chicago, menos algo de flete. Al que no le cierra, puede ir a Brasil y conseguir mejor precio, pero con entrega diferida quizá tres meses por problemas de logística”.

   En este sentido, Ordóñez agrega que, si antes las traders tenían las plantas de procesamiento porque eran un negocio en sí, hoy más bien les sirven por el poder que les dan sobre el producto, el poder de originación y acopio. “Hoy el activo es la capacidad para generar el grano”, sostiene. China, que es el mayor procesador de soja del mundo, incrementa su capacidad de crushing todos los años, y ya está cerca de procesar 100 millones de toneladas anuales: dos cosechas de soja argentinas.

   En paralelo, está el problema de que el valor del capital es más caro. “Hoy cargar un Panamax cuesta u$s 32 millones, y cualquier demora eventual puede llevar ese valor a u$s 35 millones. ¿Quién tiene esa plata?”, dice Ordóñez.

   Por eso hasta ahora lideraron la organización del comercio mundial de alimentos quienes tenían el dinero para cargar el buque, las traders. “Pero el financiamiento habitual, el de los bancos, se ha vuelto muy caro”.

   De modo que la solución pasa por buscar socios, atomizados o concentrados, sostienen. Es decir, salir a financiarse a la Bolsa o vender parte del capital a un socio. Lo primero es más barato, pero exige profesionalizarse. La otra opción es “buscar un gran socio estratégico, que implica más que buscar financiamiento: es asegurar también abastecimiento estratégico”. Algunas traders menores buscan socios de tamaño equivalente en otros países.

   En este punto, los chinos encajan a la perfección. Traen dinero, tienen la demanda. A cambio, exigen el control. Para Ordóñez, “la situación sería que pelean por el grano no en el mercado del grano, sino en el de las empresas: compran el armado de una cadena de comercialización global. La red de negocios con el control”.

Impacto en la Argentina. Noble y Nidera manejan, en conjunto, unos 135 millones de toneladas de soft commodities, lo que incluye café, soja, azúcar, maíz, cacao, etc. De ese paquete, Nidera es la que pesa más fuerte en la parte de granos y la que tiene mayor presencia y diversificación en la Argentina. Y ambas tienen fuerte presencia en puertos.

   Según el reporte anual de 2013 de Noble, la división de agricultura —controlada ahora por Cofco— le genera algo más del 15% de la facturación al grupo: u$s 15.495 millones, con un volumen de 46,3 millones de toneladas. En la Argentina, la empresa está desde 2001, y tiene dos puertos sobre el Paraná, río por el que sale el 85% de la producción agrícola del país: en Timbúes (Santa Fe) y en Lima (Buenos Aires), y una planta de acopio en Piquete Cabado (Salta).

   Nidera tiene mucha más raigambre en la Argentina, a la que le debería la “A” final de su nombre: está desde 1929, adonde vino de la mano de los holandeses que la habían fundado nueve años antes. En 1988, con la compra la Asgrow, líder en semillas de soja, creó la división de semillas, que hoy abarca también maíz, girasol, trigo y sorgo, que vende en el mercado local y en los países limítrofes. En 1997 construyó el primer puerto de fertilizantes a granel en Quequén. Produce aceite refinado y envasado, con sus marcas (Legítimo y Midas) y marcas propias de supermercados, en su fábrica bonaerense de Valentín Alsina, y también exporta a granel y envasado. Pero el foco de su negocio es la recepción, almacenaje, acondicionamiento y comercialización de granos y oleaginosas y sus aceites y harinas derivados, desde su complejo de crushing y puerto en la Terminal Puerto San Martín, cerca de Rosario. Sus ventas, según la agencia Bloomberg, rondan los u$s 17.000 millones anuales, y el pase del control a Cofco alcanzaría unos u$s 4.000 millones incluyendo la deuda.

   Para Senesi y Ordóñez, aunque estas dos adquisiciones de Cofco tienen especial impacto en la Argentina, no indican un interés particular de China en este país. “Así como vinieron acá, van a todos lados donde están las materias primas que precisan”.

   Según Bloomberg, las adquisiciones chinas vinculadas a alimentos alcanzaron un récord en 2013. Además del mayor frigorífico de cerdos estadounidense, Smithfield Foods, por unos u$s 4.700 millones el año pasado, los chinos compraron tierras en Ucrania y en Brasil, “y en algunos lugares están con presencia física concreta, como en Africa donde están organizando la producción”, dijo Ordóñez. Para Senesi, “lo que cambia es la estrategia con la que ellos se insertan en cada país”.

   Los especialistas coinciden en que la compra de Cofco se basa en el poder de originación. Pero Senesi agrega que, “poniendo los faros largos, implica también ventajas en otros negocios ad hoc que resultan interesantes en la Argentina, como el de eventos biotecnológicos: no soja, pero tomate, papa y otros, para asegurarse en cultivos para los que necesariamente todos los años hay que comprar semilla”. Para el experto, se trata de un negocio atractivo “porque en la Argentina hay seguridad, con organismos que regulan. China tiene aprobados 14 eventos biotecnológicos”.

   En cuanto a lo que puede implicar la nacionalidad de Cofco, para Senesi, hay una diferencia significativa entre que estas compañías estén en manos de empresas europeas que de chinas, por el modo de negociar. “En 2009, cuando la Argentina cerró el mercado, en Holanda todos me preguntaban cómo podían hacer para conseguir aceite. Los chinos son distintos, lo pueden imponer”.

   A Ordóñez por el momento eso no le preocupa, por un tema de grado: “No tienen participación relevante en ninguna industria básica o el sistema financiero? Son solo dos cerealeras, encima chicas comparadas con las otras”. Para él, dado que la Argentina le provee entre 15 y 25% de la soja que importa, China “no puede decidir no comprar más, también tendría un problema”. Además, es optimista respecto de que haya una nueva gran trader operando: “Quiero que se peleen más por el grano, que acá valga Chicago más 20%”.

   Sea como sea, los expertos ponen de relieve algo llamativo: por qué a la sociedad la escandaliza que los chinos se queden con tierras, como ocurrió en el aparentemente fallido intento de Río Negro, y ni se mosquea si se queda con empresas.

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