Crecen las inversiones hindúes en Latinoamérica

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19-6-2011

Tierra a la vista

Por Mario de Otazua | Desde la Redacción de APAS
 
Cristóbal Colón estaría desorientado: las Indias ya no son tan ricas en materias primas como cuando él partió en su búsqueda. Ahora son ellas las que salen a la caza de recursos naturales e insumos y, curiosamente, terminan en las mismas costas con las que las confundieron seiscientos años antes.

Así como lo hizo China, hoy India orienta sus inversiones hacia el territorio latinoamericano con gran énfasis. Considerado uno de los países emergentes más importantes del mundo, el Estado hindú apunta su actividad estrictamente a la compra de tierras, alimentos, minerales y petróleo.

La necesidad de apuntar a dichas áreas estriba en que India -igual que China- carece de tierras cultivables, agua para la agricultura o el consumo humano y posee un índice de superpoblación creciente. Tampoco cuenta con importantes recursos energéticos y esto obliga al país a depender de sus importaciones y generar energía nuclear para abastecerse.

En este marco, la compañía petrolera OVL ya comenzó a operar en Brasil, Venezuela, Colombia y Cuba con inversiones de más de dos mil quinientos millones de dólares. Pretende reforzar así la producción de energía nacional.

Por otra parte, India es un país superpoblado, lo cual se transforma en un problema en cuanto a la producción de alimentos y la escasez de terrenos fértiles para el cultivo, junto a la desertificación producida por los cambios climáticos y el avance urbano.

En ese contexto, el país se fijó el objetivo garantizar la alimentación de 1100 millones de personas. La compra de tierras parece tener como primer fin aplicaciones agrícolas. Mientras en Brasil la empresa Shree Renuka Sugars adquirió ciento treintamil hectáreas para producir caña de azúcar, en Argentina el grupo inversor Walbrook se adjudicó seiscientas mil hectáreas.

Ida y vuelta

Una investigación presentada por la NASA prevé que los patrones de lluvia sobre India variarán hasta alterar directamente la producción de alimentos, afectada por sequías e inundaciones que pondrán en peligro la continuidad de los ríos y napas propensas a secarse.

Al considerar ese dato, y que América Latina posee el 26 por ciento del agua dulce del planeta, el Banco Interamericano de Desarrollo observó que India y América Latina son complementarios. El primero, según el organismo, es un país pobre en recursos naturales y abundante en mano de obra, el segundo lo opuesto.

Se prevé entonces que India busque explotar el mismo modelo de subcontratación y utilización de mano de obra barata que ya ha empleado en su territorio, cuestión que despierta alarmas en los sectores vinculados a los derechos laborales.

Desde 2006, compañías hindúes insisten en las explotaciones mineras de América Latina y la industria del acero. Algunos ejemplos son Mittal Steel (dueños también de Arcelor) en Brasil o Jindal Steel and Power que solo en dicho año invirtió dos mil millones de euros en Bolivia.

Este año, el periódico especializado Financial Express publicó un artículo en el cual afirma que India ve a Colombia como uno de los principales proveedores de materia prima minera y petrolífera. Este es un punto escabroso en el país que conduce Santos.
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En lo que a minería respecta, el 40 por ciento del territorio colombiano está pedido en concesión para proyectos de extracción. Meses antes de que Santos asumiera se otorgaron la mayor cantidad de títulos mineros en la historia del país y se profundizaron las franquicias a mineras transnacionales.

En la misma publicación del Financial Express se estima que en 2010 cerró el comercio bilateral entre India y América Latina con más de 20 mil millones de dólares. Fue a partir de la importación de crudo, aceite de soja y cobre; así como la exportación de químicos, medicamentos, productos de ingeniería y textiles, entre otros artículos.

En resumen, la alternativa económica que se propone a Latinoamérica desde la India –y también desde China y Rusia- son la alternativa que rompe la histórica dependencia comercial con Estados Unidos, en momentos en que desde Sudamérica pueden establecerse condiciones comerciales bilaterales más justas y dentro del respeto de las leyes laborales. Si así no fuera, sería cambiar simplemente un problema por otro.
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