El acaparamiento de tierras: Las transnacionales salen de compras.

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Juan Tiney, líder de la Coordinadora Nacional Indígena y Campesina (CONIC). Foto: Prensa Libre.

El Periódico de Guatemala | jueves 24 de febrero de 2011

Helmer Velásquez

Poco se ha escrito en el país sobre este fenómeno que, promovido por la avaricia, y/o la perspectiva de crisis alimentarias de futuro, ha conducido a países como China, Japón, Korea, India a una carrera para hacerse de tierras, en regiones menos favorecidas por la riqueza dineraria, –con Estados débiles– o simplemente complacientes, con el capital transnacional. Se trata de países con amplios territorios y riquezas naturales, especialmente agua. El recuento mundial de estas compras, ronda ya los 50 millones de hectáreas; en la lista de compradores surgen nombres como los citados y empresas transnacionales de la envergadura de Hyundai, en la de vendedores, Uganda, Zimbawe, Madagascar, Brasil, Argentina, entre otros.

Diversos son los fines expuestos por los compradores como causa de su inusitado interés por las tierras ajenas. Se trata, afirman, de inversiones –precautorias– para garantizar la seguridad alimentaria de sus pueblos; otros con fines menos altruistas, pretenden intervenir en el mercado de los alimentos, aprovechando las alzas que la misma especulación internacional está provocando, y los terceros quieren sembrar granos para participar en el mercado del agro combustible, requerido e incluso subsidiado por Europa y Estados Unidos. Es decir, en todos los casos se trata de oportunidades que no benefician al pueblo del país vendedor. En nuestro país, el fenómeno de la compra por otros Estados, no está documentado hasta ahora. Es evidente, eso sí, la inversión extranjera empresarial, en compra de tierra para efectos de la minería y el agro negocio. Afronta el país, un proceso acelerado de acaparamiento de tierras, con fines de monocultivo, fundamentalmente de azúcar y palma aceitera. Tanto en el sur como en el norte.

Las modalidades de inversión van de la compra al arriendo, en este último caso con plazos de hasta cincuenta años. Dos concepciones están en pugna en el entorno de la tierra y el territorio, la de los pueblos y cito acá a Juan Tiney, agrarista nacional: “La tierra como madre, fuente de vida, el territorio como patrimonio colectivo en donde se encuentran bienes, saberes, organizaciones y relaciones, que conforman parte fundamental de los medios de vida”. Y la concepción comercial: la tierra con inversión, tal cual está definida en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

Los guatemaltecos no podemos permanecer expectantes ante un fenómeno, que pone en riesgo la sostenibilidad de nuestro alimento, de nuestros recursos, es deber del Estado promover una agricultura sana, cuyo fin primario sea la seguridad y soberanía alimentaria nacional. En la esfera mundial, Guatemala debe rechazar el acaparamiento transnacional de la tierra.

Original source: Periódico de Guatemala
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